Como les Gustan a Ella

Hacía mucho que no iba a una reunión de la familia, y miren que cuando yo digo “familia” no me refiero a mis padres y mis hermanos. Si no a todo el rollo: Padres, hermanos, tios, tias, abuelos, primos, primas y un largo etcétera. En fin, estoy un poco perdida en cuanto a chismes familiares.

Les cuento, hace poco se juntó la familia (unas 30 personas, mínimo, y eso es incompleta) y me digné a despegarme de la computadora y asistir. A mitad de la reunión, mientras intercambiaba chismes con mis primas contemporáneas, llega mi primo mayor y se hace un corto silencio, de esos silencios tensos e incómodos y alguien hace un comentario de que pensaban que no iba a ir.

Yo, sorprendida de aquel recibimiento tan frío para el primogénito (y varón favorito), lo saludo y luego me llevo a las primas a un rincón para averiguar exactamente que cornos está pasando. Ellas me comentan en tono de complicidad que mi primo había dicho que no iba a ir y que por eso invitaron a mi prima “L. C.”, yo les pregunto si ellos se pelearon o algo. (Las peleas “angelicales” son cualquier cosa menos eso) Y ellas me informan que es por el novio. Y yo, alarmadísima: ¿¡”C. R.” es gay!? ¿¡Desde cuando!? y ellas que no, que es por el novio de “L. C.”, que “C. R.” no lo soporta.

Como suele pasar en esas ocasiones, ni bien habíamos hecho mención del asunto, llegó “L. C.”… con el novio. Mis primas me piden que distraiga a mi primo para poner a “L. C.” al tanto. Y yo, rápidamente, me acerco a él y comienzo a hablarle no sé qué de surf y discretamente me lo llevo dentro. Todo el mundo sabe que por más diplomática que sea (y lo soy, de verdad, en ocasiones) no tengo pelos en la lengua para algunos asuntos, así que una vez en la cocina, le pregunto a mi primo que tiene de malo el novio de “L. C.”, que todo el mundo me anda diciendo que él no lo soporta o algo así, esperando que descarte esos “malos dichos” con una sonrisa.

Pero nada de eso, el se pone serio. Y me mira con esa cara de “¡como te atreves siquiera a mencionarlo en mi presencia!”, pero tal y como son las cosas, esa cara puede servir para asustar a mis primas y a mis tías, pero a mi no, verán, mi primo vivió prácticamente toda mi infancia conmigo y mis viejos, y crecimos siendo más hermanos que primos, así que sus miradas asesinas no me asustan en lo más mínimo. Insistí. Y bueno, ¿Qué tiene de malo?
Entonces se destapó y comenzó a despotricar, dijo tantas cosas que apenas logré entender alguna que otra palabra “hijo de puta… como se atreve… falta de respeto… el buen apellido…” y otras menos agradables que no pienso repetirles, luego se alejó, furioso, supongo que a serenarse antes de volver al grupo.

Ah carajo…
Si el tipo en cuestión es alguien capaz de enlodar el… ajem… “buen” apellido de la familia, luego de Tío José y su guerra declarada contra la Iglesia Católica con protestas en misas incluidas y vandalización de templos. Luego de el claro comunismo de Tía “M” y sus afiches pro-Castro. Luego del matrimonio de “N. A.” con un drogadicto y narcotraficante, que además estuvo preso por posesión… Entonces el tipo debe de ser un sujeto realmente maldito. ¡Un enemigo de la sociedad!

A todo esto, yo estoy perdida y todavía no sé que mierda le pasa al novio de “L. C.”. Entonces fue cuando decidí salir y a autopresentarme y a evaluar al muchacho en cuestión.

Luego de buscar un rato con la mirada, vi a mi prima “L. C.”… al lado del negro más grande que he visto en toda mi vida. No es broma, era un tipo ENORME. ¡Parecía un gorila! Mientras me acercaba a ellos con una sonrisa, estaba estudiando la posibilidad de que mi primo tuviera una vena racista desarrollada tardíamente, porque hasta dónde yo sabía el no tenía nada en contra de los negros.

Los saludo, y “L. C.” me presenta a su novio, que me saluda con un acento extranjero, muy familiar para mí, y para cualquier otro paisano mío. El negro me planta un beso en cada mejilla y yo miro a “L. C.” con una pregunta en los ojos. Ella se pone a la defensiva y asiente levemente. Mi sonrisa se amplía y saludo en patois (creole) al muchacho. Él sonríe y me responde en un francés hermoso y con un acento perfecto.
Charlamos un rato los tres. El tipo es un amor. Un muchacho culto, muy educado, trabajador, con modales perfectos, conversador, que además habla al menos tres idiomas (soy lingüista, para mí eso suma al menos 3 puntos a favor) y como si fuera poco se nota que la adora, porque cuando la mira parece un cachorrito mirando a su amo. Lo que debaja el “problema” bastante claro y a la vista… o al oído en todo caso.

El amor es raro. Nunca sabes de quién te vas a enamorar, yo jamás en la vida me hubiera imaginado que iba a terminar enamorándome de quién me enamoré, pero C’est l’amour. Y nunca mejor dicho: Para los gustos se hicieron los colores… A ella le gustan negros y no cualquier negro: Le gustan haitianos.

Yo la aplaudo, por ser daltónica en sus relaciones humanas y por levantarse en contra de las etiquetas y de los prejuicios. ¡Muy bien, “L. C.”! ¡Nunca cambies!

Y los demás: Que se la banquen, carajo… Total ¿Qué más pueden hacer, si así es como les gustan a ella?
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3 comentarios para “Como les Gustan a Ella”

  1. Cris.- Says:

    ¡Volvieron las negritas al azar!

  2. EzequielPJC Says:

    ¡Je, je! No están mal las negritas, nada mal…

  3. Cris.- Says:

    Comentario de “L.C.” vía e-mail:

    “mira coño, como que un gorila??????
    jajajajajaj
    me gusto mucho
    si no dijera lo de [”Tía M”] se lo mandaria a [”C.R.”] pa que se muera de un pique!
    pero si se lo voy a mandar a toditas mis amigas
    que lo sepa todo el mundo ME ENCANTA MI NEGROTE!!!! jajajajaj”

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