Aire de Familia

Cuento que escribí para Mogolik.net en Junio del 2005. (Gracias Ez.)

Don Ignacio

Debió de ser cómo él. Pero ahora tiene las nalgas blandas, la piel fofa, la mirada triste, el pelo gris y escaso. Pero tiene manos cuidadas y exploradoras que se mueven audaces por mi cuerpo, manos que se agitan desesperadas y se excitan porque Don Ignacio nunca pensó en esto.
Debe pensar que hay una trampa en el asunto. Y es lógico que lo piense. Sin embargo, tampoco así rechazaría la oportunidad de irse a la cama con alguien como yo. Tiene suficiente dinero y la cercanía de la muerte que presume su edad le ha quitado el miedo al chantaje y al escándalo.
Huele como a bolitas de alcanfor. Se agita tratando de hacerme compartir el fuego, de transmitirme una experiencia que ya ha dejado de serlo para transformarse en cansancio. Lucha, sin embargo, para mantener su hombría, para hacerse creer que todavía puede, que la erección es cuestión de tiempo.

En poco tiempo me he convertido en la más seductora de las mujeres. Me he teñido el pelo. Me lo he cortado. He cambiado de maquillaje y he encontrado el tono justo para que mi voz suene grave y sensual a la vez. Me ha costado, porque soy tímida, terriblemente tímida. Nunca hubiera creído posible que yo pudiera llamar por teléfono a un hombre mayor para solicitar una entrevista privada en su oficina. Y sin embargo, así lo hice. Me puse el vestido más audaz que encontré, ante la mirada indiscreta de su secretaria me dirigí a su despacho en donde haría mi papel en esta comedia, una comedia dolorosa, pero necesaria.

Y es cierto que Don Ignacio cree que estoy enamorada de él, que necesito sentir su flácido cuerpo sobre el mío. Y ahora tengo miedo de que se enamore, tengo miedo de hacerle sufrir. Sólo quiero que logre penetrarme, que me posea, que me fecunde, que me preñe, a mí, a una mujer que pudiera ser su nieta.

Y cuando al fin lo consigue, se avergüenza, se guarda el miembro y mira al suelo. Yo me bajo del escritorio y le digo que no se preocupe por mí, que no volverá a suceder nunca más. Que no volverá a verme. Y Don Ignacio que no sabe si quisiera perderme para siempre o encontrarme el viernes en la noche, me cuenta que hace mucho tiempo que no practica la infidelidad, que ama a su mujer, que le ha hecho feliz. Insinúa pagarme. Noto su torpeza, su falta de palabras. Y le digo que no vine por eso. Que ya me ha pagado.

Y luego me voy al mar, cerca de las estrellas, para ir caminando lentamente, para dejarme arrastrar por el viento y pensar en él, y en lo hermoso que pudo haber sido todo.

Antonio

La sala está vacía, solo estamos ella y yo. Oh, pero no me equivoco. Esa mujer me está mirando desde hace rato. Esos ojos que quisieran comerme. Se lleva el popcorn a los labios, despacio, tan sensualmente. Se acaricia el pelo y cruza las piernas. Me va a volver loco antes de que empiece la película.
¿Que hora tiene usted señorita?
Porque no aguantaba más, porque me iba a hacer perder la razón, porque ella se lo está buscando.
Nunca comienzan a tiempo la película.
Y que no empiece aún. No hasta que la tenga conseguida por completo. Hasta que pueda sentármele al lado y hablarle de la película. De cómo la casualidad a veces puede transformarse en algo inquietante y con sentido bien profundo. Hablarle así para disimular mis verdaderas intenciones, para que ella crea que soy un señor decente con quien entablar una amistad sólida. Y ya estoy en el asiento de al lado. Y hablamos de las críticas. Y ella que me ofrece de su vaso y yo que bebo por el mismo lado en donde se han marcado sus labios para hacer todo aquello un acto de fetichismo. Y ella que se da cuenta y me sonríe. Y yo que quiero que se acaben todos esos trailers y que se apaguen las luces para poner mi brazo sobre el espaldar y le roce los cabellos y que si ella protesta le diga: “Perdone”. Pero si no dice nada, entonces seguir bajando la mano hasta agarrarle una teta, que debe de ser durita… Pero no hay necesidad de nada de eso. Ella, de repente, ha puesto su mano sobre mi pierna y asciende y juguetea con mi bragueta antes de atreverse a cosas mayores. Y yo, cazador cazado, completamente avergonzado porque la mujer sigue y sigue, y ahora me besa en la nuca y me propone ir a la fila de atrás. Un tren, un auto que explota, mi mano bajo su falda, un encuentro de sexos, una pelea en un bar, ella encima de mí, mis manos en sus nalgas, un secuestro, ojos cerrados, estrellas y el orgasmo.

Pienso en la historia que no se entendió mientras ella me habla de un avión que la espera, que es mejor así, que se conserve el misterio, sin cartas, ni llamadas, ni despedidas. Que ahora se irá al mar, cerca de las estrellas, para ir caminando lentamente, para dejarse arrastrar por el viento y pensar en lo hermoso que pudo haber sido todo.

Julio

Ella: ¿Cuántos años tienes?
Julio: Veintidós
Ella: No seas mentiroso… Sé que tienes diecisiete.
Julio: Pero aparento mayor… ¿No es así?… Dicen que…
Ella: No importa. Me gustan de tu edad. Me gustas tú… ¿Tienes hermanos mayores?
Julio: Tenía dos… Ahora tengo uno.
Ella: ¿Cómo es eso?
Julio: Mi hermano Alejandro murió fuera del país, en un accidente, hace sólo un mes. Me queda Antonio, el mayor, que me lleva quince años.
Ella: ¿Se parece a ti?
Julio: Todos nos parecemos a mi padre, Don Ignacio. Se puso muy triste con la muerte de mi hermano.
Ella: Ya no hablemos de cosas tristes. Estamos tú y yo. Ahora. Me marcho mañana al extranjero.
Julio: Me gustaría tenerte para siempre.
Ella: Me tienes para siempre… Me tienes para toda la noche… Para esta única noche.
Julio: ¿Y después?
Ella: Después me dejarás cerca del mar, cerca de las estrellas, para ir caminando lentamente, para dejarme arrastrar por el viento y pensar en lo hermoso que pudo haber sido todo.

Alejandro

¡Hemos triunfado, Alejandro!
Ahora vives de nuevo, estás aquí, en mi vientre, agitándote, ansiando que pasen los nueve meses, para poder ver la luz y las estrellas, para ser mío, mi amor, para ser mío de nuevo. Estás aquí, nunca has muerto. Nunca discutimos por una banalidad en aquella carretera llena de curvas y precipicios. Estás aquí, reencarnado en tu hijo, porque es tuyo, tendrá el aire de familia y nadie lo podrá negar.

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7 comentarios para “Aire de Familia”

  1. sil Says:

    muy fuerte…..

  2. Ezequiel Says:

    De la época del concurso literario de Mogolik debe ser… Yo era miembro del jurado, pero no me acuerdo cuándo lo publicaste por primera vez. De todas maneras no dejo de decir que es excelente…

  3. Ezequiel Says:

    http://miarroba.com/foros/ver.php?foroid=112891&temaid=3224130

  4. Cris Says:

    Gracias, Ez. =)

    ¿”Fuerte” es bueno o malo?

  5. sil Says:

    fuerte es eso: movilizador. a mi se me cae la cara antes de decir si un texto es bueno o malo, no tengo autoridad. pero se me deja picando cosas es que me gustó…. aunque eso no signifique nada.

    sentendió?

    =P

  6. Maddy Says:

    Al igual que entonces me ha encantado volver a leerlo , tienes talento e inteligencia .

  7. Cris Says:

    Gracias Sil =D

    Aw, muchas gracias, Maddy. :*

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