Archivo para la categoría 'Anécdotas'

Encuentros Muy Cercanos

Thursday, September 28th, 2006

Trato de llevar un vida normal, juro por todo lo sagrado que de verdad lo intento, lamentablemente cuando no se puede, no se puede.

Verán, hace dos noches estaba yo frente a la computadora hablando con mi mejor mitad cuando escucho a Onyx destrozando algo en la sala, sin levantarme de dónde estoy le llamo la atención y ella se queda tranquila.
Unos cinco minutos después la escucho ladrar otra vez, los perros tienen una gran variedad de ladridos y cuando has pasado la mayor parte de tu vida junto a compañeros caninos aprendes a diferenciarlos. Onyx tiene varios ladridos particulares para la caza, dependiendo de la profundidad y longitud puede estar diciendo:
“¡Te odio, quiero atraparte y matarte!” (Así le ladra a los roedores)
“¡Wow! ¿Qué es esto? ¡Quiero atraparlo ya mismo!” (Así le ladra a las presas desconocidas)
“Quiero atraparlo, pero me da miedo. ¡Mamá, atrápalo para mí!” (Así le ladra a los bichos venenosos)

Sus ladridos esa noche en particular eran del tipo “¿Qué es esto?” y “Ven y atrápalo tú”. Yo salgo disparada para la sala y la encuentro ladrándole a la caja de un case (gabinete), muevo la caja y “algo” sale corriendo y se esconde del otro lado.

Onyx ladra: “¿¡Viste!? ¿¡Viste eso!?”
Yo le hago saber que lo vi y mi mente comienza a trabajar a la velocidad de la luz. Sé que una rata no puede ser, porque ella hubiera destrozado todo para atraparla, así que comienzo a repasar mentalmente cual bicho se pudo haber metido a la casa. Una cucaracha no podía ser, ya que hace unos 3 años que no entra una y además con la epidemia de Dengue todo está fumigado. ¿Un murciélago? Tal vez, siempre me vienen a visitar el jardín, pero ¿qué haría dentro de la casa… y en el suelo? No creo que sea eso. ¿Un lagarto? Nah, Onyx los conoce y generalmente los ignora, además no salen de noche. ¿Una tarántula? Estamos en temporada de reproducción y Onyx nunca ha visto una… Puede ser. Muevo la caja para el otro lado convencida de que es una tarántula y veo una patita blanca y peluda y por un segundo pienso “¿Una cacata albina?”. Saco la caja y veo al intruso: Un cangrejo.

Onyx ladra: “¡Mira! ¡Mira! ¡Ahí está!”
Yo le hago saber que lo vi y le pido que se quede tranquila, mientras busco algo para atraparlo, porque si bien no tengo problemas en atrapar una tarántula con las manos, la idea de agarrar a un cangrejo no me parece muy inteligente.

Una vez que lo tengo metido en un cubo de plástico y que he calmado a Onyx haciéndole saber que hizo muy bien, voy por la cámara (¡porque sin foto esta no me la cree nadie!) y me quedo pensando… ¿Qué carajo busca un cangrejo en mi casa?… Y lo más importante ¿cómo llegó hasta acá?

Si bien estoy relativamente cerca del mar, suponiendo que el cangrejo haya venido de ahí, tuvo que cruzar la Ave. 30 de Mayo, que a veces es imposible de cruzar incluso para los humanos. Una vez del otro lado, andarse 8 calles, doblar la esquina, andar hasta casi la mitad de la calle, entrar en mi jardín, cruzarlo todo sin que lo vea la perra, y justo en el momento en el que tenía la puerta abierta, entrar y esconderse. Todo eso sin ser aplastado por un auto, visto por alguna persona o atrapado alguno de los muchos perros del barrio.

No es Imposible, pero sí muy improbable.

¿Estas cosas le pasan a alguien más? …Porque de repente se me antoja sentirme un poco perseguida.

.

Tendencias Talibanas

Wednesday, August 30th, 2006

Fui a buscar a mi sobrinita al colegio semi-internado al que asiste, y la maestra, muy preocupada, me pide que vaya a ver a la directora en su oficina. Al entrar, su seriedad me asusta un poquito y tomo asiento. Me saluda mientras yo, en una especie de regresión, me siento tan culpable como todas las demás veces que estuve en la oficina de la directora. Porque aunque ya soy “grande” mi subconsciente me grita que estoy en serios problemas.

Ella comienza a hablarme sobre la influencia que tenemos los adultos en los niños, especialmente en esta etapa en la que son “como una esponja” todo lo absorben y blah, blah, blah, luego pasa a la influencia de la televisión y los videojuegos (¿videojuegos? ¡Tiene 3 años!) y todo ese rollo. Yo no tengo ni idea de lo que me está hablando, si bien ya sabía todo lo que me había dicho, no entendía por qué me lo estaba diciendo.

[Cara de confusión] Perdone, pero… ¿de qué me está hablando? ¿Hay algún problema con Michy?

[Cara de seriedad absoluta] Creemos que Michelle Christina tiene tendencias talibanas.

… [Aguantándome la risa] ¿Perdón?

Luego de regañarme como si tuviera 5 años por casi reírme en su cara, me explica lo que le había explicado a ella la maestra sustituta. Al parecer mi sobrinita armó un escándalo luego de escuchar una explosión, gritando que quería una bomba y haciendo tremendo berrinche.

Lanzando el sentido común por la ventana, la maestra en cuestión llegó a la conclusión de que la niña estaba siendo criada en una especie de sucursal local de Al Qaida y de inmediato fue a avisarle a la directora sobre sus sospechas.

[En este punto me entra un ataque de risa de al menos diez minutos.]

Le explico a la directora que una “bomba” es un globo y que al respecto mi sobrina es como un poodle hiperactivo ante una pelota de tenis.

La directora, luego de disculparse y de reírse un poco conmigo, me acompañó al aula de mi sobrina en dónde le dedicó una mirada asesina a la maestra… Pobre, seguro que no volverá a sustituir a alguien en ese colegio.

Tsk, tsk, tsk… El mundo está cada vez más histérico.

Cuando llegamos a casa le di varias bombas a la pequeña talibana. =D

.

Pregoneros y Caballos

Wednesday, August 23rd, 2006

Vivo en una ciudad pequeña, de un país pequeño, de gente muy grande. Los buenos, son muy buenos, y los malos, son unos hijos de puta.

En mi ciudad pequeña, de mi país pequeño, el pregón es un canto popular desde siempre, y aunque tal vez me haga sonar un tanto pueblerina: Me gusta. Me gusta porque me hace saber que todavía hay gente que prefiere realizar un trabajo humilde y honrado sobre uno prestigioso y de moral dudosa.

Algunos de los pequeños comerciantes que viven en las provincias, especialmente las aledañas a la capital vienen acá a vender sus productos o servicios. Por ejemplo, el señor a quién le compro las frutas, es el mismo señor que las cosecha. Cuando comenzó a vender en mi barrio, venía en una carreta tirada a caballo, tiempo más tarde venía en un triciclo, de esos que tienen un cajón adelante. Ahora viene una motocicleta que adaptó para poder transportar las frutas y vegetales que ofrece.

La evolución de los pregoneros se ve en la forma en la que se transportan, comienzan a pie con una canasta, luego a caballo o a triciclo, después pasan a motocicletas y si tienen una buena zona y una buena clientela entonces pasan a una camioneta que transforman en una especie de kiosko portatil.

Los productos que ofrecen son de lo más variado, en mi barrio, que no es muy grande, no se puede ver toda la gama, pero he andado lo suficiente como para saber que se venden desde virtualmente cualquier cosa que se pueda comer hasta baterías para relojes y accesorios para los teléfonos celulares.

Uno de los variados productos que ofrecen es tierra negra, de esa que se usa en las jardineras y macetas. Es relativamente fácil de vender ya que no hay que invertir dinero para producirla. La venden por latas de unos cinco galones, a un precio más o menos de un dólar. Estos vendedores no pueden usar triciclos o motocicletas porque no tendrían la fuerza suficiente para transportarla y no pueden usar una camioneta, porque ¿quién tiene dinero para comprarse una o para pagar la gasolina? Así que usan carretas tiradas por un caballo.

La gente que conozco que tiene caballos van desde burgueses que llevan sus animales al hipodromo y que probablemente nunca montaron uno en toda su vida, hasta campesinos que no conocen otro medio de transporte más que ese. Si algo tienen en común todas y cada una de esas personas es que cuidan de sus animales. Ya sea porque les costaron una pequeña fortuna, porque los consideran una herramienta de trabajo o porque les tienen el cariño que se le toma a un miembro de la familia. Y es que son animales que se hacen querer. Sea por tu fuerza, por su naturaleza o por su inteligencia.

Ayer en la tarde en una de esas salidas que cada vez son menos frecuentes, salí de mi cubil y para mi sorpresa encontré un caballo en la esquina de mi calle. Supuse que algún vendedor lo había dejado descansando para volver más tarde por él. Pero al regresar, unas cinco horas más tarde, el caballo estaba en el mismo lugar, esta vez acostado en la acera. Salí con la intención de darle agua para tomar y me dí cuenta que tenía una pata lastimada y cortes en la espalda que no le desearía ni a mi peor enemigo. Además estaba en muy mal estado, como un saco de huesos. La pila de tierra negra tirada me dejó claro que el dueño no volvería. Lo dejó a morir.

Como alguien podría hacer algo así sencillamente no puedo entenderlo. Entiendo que quizás no tenga dinero para mandarlo a curar, ni siquiera para mandarlo a sacrificar de ser necesario, pero incluso en mi ciudad pequeña, de mi país pequeño y subdesarrollado hay lugares en dónde pueden cuidar de él. Ni siquiera tienes que llevarlo, con llamar por teléfono basta, ellos lo vendrán a recoger y le darán el cuidado que necesita.

Ya me subió la bronca… En fín, llamé al veterinario y vino a verlo. Me dice que no tiene muchas oportunidades de sobrevivir, pero de todas formas lo vamos a intentar. Le compré una paca de comida, le pusimos tres sueros ya y se lo ve mejor hidratado. Si pasa de esta noche mañana lo vendrán a buscar para llevarselo a una finca/alberge en dónde podrá vivir lo que le quede de vida sin tener que trabajar nunca más.

Crucen los dedos para que Taíno (sí, ya le puse nombre) se pueda salvar.