Bajando la Velocidad
Wednesday, December 22nd, 2004Hace cuatro años, María asombró sus amigos y familiares renunciando a su trabajo. La razón: Para no hacer nada.
Sus conocidos estaban claramente confundidos. María no tenía esposo, ni hijos, ninguna razón obvia para dejarlo todo así de repente. En las reuniones sociales la gente le preguntaba en dónde trabajaba. Ella respondía que en ningún lado. Entonces le pregúntaban si estaba planeando un viaje. Ella respondía que no. Insistían preguntándole si pensaba casarse. Ella de nuevo negaba. Finalmente ellos dirían que no comprendían… “no entiendo” decían. María respondía “lo se” y se alejaba de allí.
María dice que fué lo más difícil que tuvo que hacer en toda su vida. Irse a casa y vivir sin las presiones del trabajo: No sentir la necesidad de trabajar 12 horas al día para terminar un proyecto a tiempo. No tener que lidiar con los compañeros de trabajo, que nunca le agradaron realmente. No tener que escuchar a su jefe gritarle cada 15 minutos. No tener tiempo ni siquiera para tomarse 10 minutos para almorzar. Vivía a toda velocidad. Se sentía en la cima del mundo… pero no se sentía conforme.
Y así de la nada, siguiendo un impulso, María se vió con 24 horas disponibles para hacer lo que ella quisiera. El problema es que se acostumbró demasiado a la presión. Estaba constatemente nerviosa, ansiosa, pendiente… Le preocupaba que el teléfono no sonara cada dos minutos. Que no tuviera fecha límite para hacer cualquier cosa. Incluso por tener que aprender a saborear la comida de nuevo, se había acostumbrado a masticar y tragar. Se dió cuenta de que se había olvidado de cómo vivir a baja velocidad. Tuvo que aprender de nuevo a tomarse su tiempo.
María actualmente trabaja para sí misma, aún tiene problemas para aceptar el cambio. No se siente tan necesaria, ni tan realizada como antes, cuando toda una compañía dependía de ella. Pero le ha dedicado más tiempo a convertir su casa en un hogar, a disfrutar de los pequeños placeres de la vida: El amanecer, la Luna llena, leer un buen libro una tarde nublada acompañada de una taza de chocolate caliente. Se ha dado cuenta de que hay cosas más importantes que un puesto en una compañía. Y si bien aún está en un proceso de adaptación, ha aprendido que desde el punto A hasta el punto B, hay todo un trayecto lleno de interesantes paisajes que vale la pena disfrutar.
Me pregunto si la necesidad de sentirnos importantes y creernos indispensables es la que nos ha llevado a la naturaleza consumista que padecemos en la actualidad.
