Archivo para July, 2005

Cuando la Liebre no Saltó Más

Sunday, July 24th, 2005

Siempre quise volar, por eso no debería de sorprender si digo que solía practicar salto… Salto ornamental como le dicen algunos (nunca me gustó ese nombre). Para mí, no había mejor sensación que esos 10 segundos de vuelo.

Muchas personas suelen pensar en este antigüo deporte como algo que bien podría hacer cualquiera, les aseguro que no, requiere de mucho entrenamiento y sobretodo de muchísima presición.

Salté de trampolines y de plataformas igualmente… Y cuando la altura de la plataforma me quedó chica, entonces saltaba desde las rocas. No hay nada como un clavado desde 30 metros de altura.

Mi actitud, hmm… temeraria dicen algunos, yo diría que más bien entusiasta, me ganó varias medallas y trofeos. No importaba la forma o el grupo, hacia adelante, hacia atrás, inverso, adentro, carpados, encogidos, tirabuzones, lo que fuera, estaba dispuesta a todo… Sin embargo, la última vez que subí a un trampolín, no salté.

Subí feliz, contenta de hacerlo una vez más luego de tantos años, caminé hasta el borde, respiré profundo, dí uno, dos saltitos y justo antes de lanzarme… me detuve. Pensé en todas las cosas que podían salir mal, y me dió miedo… Pavor en realidad. Me llegaron a la mente huesos rotos, dislocaciones y torceduras. La certeza de lo que puede pasar ante una entrada mal hecha. Y tal vez en algún rincón de mi mente todavía veía los jueces esperando levantar sus cartelitos sin piedad alguna. El caso es que me dió miedo. No lo pensé más y por primera (y última) vez en mi vida, bajé por las escaleras.

No nadé más ese día. Tenía cosas importantes sobre las cuales meditar.

Pensé en cómo solía montar a caballo, sin una preocupación en el mundo, dejándolos que corrieran todo lo que quisieran y limitándome a sentir el viento en el rostro. Y ahora lo hago toda erguida en la silla, con las riendas bien sujetas.

Y cómo solía irme al autódromo, sólo para sentirme a 250 kms/h y hacer que el mundo que me rodea fuera sólo un borrón, un montón de colores mezclados y difuminados. Y ahora ni siquiera me atrevo a sentarme detrás del volante.

¿Cuando había dejado de ser divertido?
¿Cuando exactamente comencé a preocuparme por esas cosas en vez de disfrutar el momento?
¿Será algo que nos pasa a todos?
¿Nos hacemos más cobardes con el tiempo?
…¿o será que la palabra correcta es “prudencia”?

No me gusta en quién me convertido, para escapar de quién odiaba ser.