Archivo para September, 2005

Wow…

Wednesday, September 28th, 2005

…Ya son 27.

La Vez del Intruso

Sunday, September 25th, 2005

A medida que lean esta entrada se darán cuenta de que parece el guión de una mala comedia, pero les aseguro que lo que estoy a punto de relatarles es 100% verídico. Los nombres de los implicados me los voy a reservar para evitarles futuras vergüenzas.

Era un sábado en la madrugada y C había llegado de una fiesta, se pegó una ducha rápida y se fue a la cama, luego de un rato de dormitar, un sexto sentido la hizo despertar, se quedó sentada en la cama un momento y luego escuchó un sonido proveniente de la puerta trasera de la casa. Se acercó más a la ventana y pudo ver la sombra amenazadora de un hombre irrumpiendo en su hogar.

Rápidamente saltó de la cama, y como tiene un instinto de autopreservación muy sano, le puso el cerrojo a la puerta y usó su teléfono celular para alertar a su madre y padrastro que dormían en la otra ala de la casa. El teléfono sonó sin respuesta durante más de quince minutos, de esos minutos que se hacen eternamente largos porque estás muriéndote de miedo.

C, que además tiene una imaginación muy activa, está pensando lo peor. Se imagina a sus padres amordazados en el suelo mientras un par de sujetos tenebrosos roban sus posesiones. Insiste en llamar otra vez, en esta ocasión al celular de su madre, también sin recibir respuesta. El miedo, la imaginación y la intuición se le confunden en una enorme maraña de porquería que termina por hacerla concluir que sus padres habían sido secuestrados y que sólo ella podía salvarlos.
Ella, que jamás en su vida vivió algo parecido a esa situación y que lo más violento que hizo en toda su existencia fue darle una bofetada a alguien años atrás, era quién tenía que rescatar a su familia de los intrusos.

Se le ocurre una idea genial para pedir ayuda sin alertar sobre su presencia y acciona con el control remoto la alarma de su auto, con la esperanza de que algún vecino venga en su rescate. Pero el sabio intruso la apaga. Ella la acciona nuevamente y el intruso la apagaba… Estuvieron haciendo eso durante bastante tiempo.

Una vez planteada la situación con seriedad, se dio cuenta de que ni de broma podía controlar lo que fuera que estuviera pasando del otro lado de su puerta. Así que llamó a la policía y seguidamente a su novio, quien como príncipe azul en corcel blanco llegó blandiendo su espada… Bueno, en realidad, llegó apenas vestido, en un jeep blanco y con una 9mm en el cinturón, pero ya se hacen la idea.

R, apurado por su damisela en peligro, desmonta de su “corcel” y se dirige la puerta, que obviamente estaba cerrada, C, a través del celular le dice que se apure, que sus padres están peligro, que la pueden matar y todas aquellas cosas sin sentido que decimos cuando estamos muertos de miedo. Alguien agarra el cerrojo de C y trata de abrirlo, ella, con un grito deja caer el celular y comienza gritar una y otra que la han encontrado, que la van a matar, etc, etc. R, totalmente desesperado, dispara dos veces al aire para llamar la atención del intruso (muy estúpido de su parte, pero bue…) le grita con dramatismo a C que no deje de hablarle, que levante el celular, que no deje de hablarle, que se quede con él, que no lo abandone… Toda una novela.

En todo esto, un vecino que escucha el escándalo y los disparos viene a hacer de caballería y por alguna desconocida razón también dispara al aire, como dos vaqueros en el viejo oeste dispuestos a enfrentar el enemigo.

C, la chica independiente cuya frase celebre sería “No me digas que hacer” finalmente levanta el celular y le dice a R que no sabe que hacer, le ruega que diga que es lo que tiene que hacer. R le dice que le tire las llaves por la ventana y C, metiéndose todas sus ideas pseudo-feministas en el bolsillo, obedece sin chistar.

Luego de abrir la puerta con su medio millón de cerrojos, R coloca el celular en su bolsillo (sin colgar, para no perder contacto con C) e irrumpe en la casa, pistola en mano, dispuesto a lo que sea, distingue un par de ojos asustados en la oscuridad, lo apunta y gracias a los Dioses, tiene el sentido común de preguntar: “¿¡Quien anda ahí!?” Mientras se le acerca. N, el padrastro de C, no se atreve a decir nada más que un bajísimo: “Soy yo… N… Hay alguien más en la casa”

R corre a la habitación de C, en donde ella, deshecha en llanto, se hecha a sus brazos. De allí corren a la habitación de la madre de C, quien duerme placidamente, a pesar del llanto de C, los gritos de R, los disparos, las patadas en la puerta principal, la alarma el auto y todo lo demás.

N la despierta y le avisa que hay alguien en la casa, ella se levanta perezosamente, en todo su esplendor, vestida con su traje de nacimiento, se pone la bata y les dice a todos: “Vengan, lo que hace falta es que tomemos un poco de café con galletitas”, y sale en dirección a la cocina en dónde prepara la bebida que la regresaría al mundo de los vivos y despiertos.

Entre sollozos, C le cuenta a R todo lo sucedido y N confiesa que quien estuvo tratando de abrir su puerta y quien apagaba la alarma del auto era él. C le grita que por qué no dijo nada, que por qué no le respondió para decirle quién era. N se justifica diciendo que pensaba que había alguien en la casa. R los escucha discutir y se pasa la mano por el pelo exasperado y aun algo tembloroso. La madre prepara bocadillos como si no pasara nada. Y justo cuando piensan que todo está bien un sonido del patio les alerta de que, en efecto, hay alguien más en la casa.

R y el vecino solidario corren en dirección del ruido y persiguen al intruso por todo el patio, hasta que finalmente sube a la azotea de la casa. R, da la vuelta y se va por otro camino para tratar de acorralarlo. El vecino sube hasta el techo en donde puede echarle un vistazo, era un hombre, descalzo y estaba sin camisa. Entonces, el vecino se inclina hacia adelante y… vomita. Dándole, por supuesto, al intruso la oportunidad de escaparse.

El hombre se va corriendo calle abajo, y R, que no está dispuesto a dejarlo escapar, se sube a su “corcel” y lo persigue hasta que se perdió entre unos matorrales. En eso llega la policía (siempre tarde, ¿vieron?) y se suman a la búsqueda.

El intruso trepa a un árbol, los hombres lo apuntan con sus armas y le ordenan que baje, y él, como un perfecto mono araña, salta hasta el árbol de al lado, calculando mal la distancia y chocando de lleno su rostro contra el tronco. Cae al suelo, algo aturdido, pero con la voluntad de no dejarse atrapar, se levanta y corre bosque adentro. Dejándolos asombrados a todos… Un total de siete hombres armados no pudieron atrapar a un bandido semidesnudo y descalzo.

A todo esto N, sigue dando vueltas al frente de la casa, hasta que se acerca su esposa y riendo le dice “¿Sabes? Anda sin camisa y descalzo, como tú” N, alarmado corre adentro de la casa a vestirse.

La policía y el vecino se marchan.
C llora y se abraza a R.
N encara a R y le dice que como se atreve a apuntarlo con un arma, en su propia casa.
R le responde que fue una suerte que no le disparara, que el vino con la única idea de sacar a C de ahí.
La madre se acerca con una bandeja llena de bocadillos y dice “No puedo creer que los polis se fueran sin probar esto tan rico que hice”

Luego de gritarse y acusarse mutuamente, al final todos juntos y más tranquilos hacen un rápido inventario… lo único que faltaba era, extrañamente, un salero.
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Premonición

Saturday, September 24th, 2005

El 6 de Agosto del 2006 va a pasar algo importante.
No sé qué. Ni a quién… Pero desde hace tiempo me vienen avisando de esa fecha.
Me molesta sólo recibir parte del mensaje.

¿Dónde está Nostradamus cuando se le necesita?

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