Archivo para January, 2006

Cien Cosas - 2da Parte

Saturday, January 21st, 2006

26. En medio de uno de los peores huracanes que han azotado a mi isla, salí de la casa para buscar a mis perros cuando el techo de dónde estaban salió volando.

27. Me lavo las manos compulsivamente.

28. Nunca he fumado mariguana.

29. He tenido a un cachorro de tigre en mis brazos.

30. Mis lugares favoritos de todo el mundo están en mi isla.

31. Hice un curso técnico de mecánica industrial. (Y me lo olvidé casi en su totalidad.)

32. He dormido en un ataúd.

33. Me gusta bailar, pero prefiero no hacerlo en público.

34. Aunque mi departamento esté hecho un desastre, el cuarto de baño siempre está limpio.

35. No tolero ver a un animal sufriendo.

36. No me gusta el papel tapíz, pero me encanta hacer dibujitos en las paredes.

37. Nunca ejercí lo que estudié en la universidad.

38. Solía morderme las uñas, ahora las uso tan largas que siempre me preguntan si son postizas. (¡No, coño, no lo son!)

39. De niña solía jugar con tarántulas sin saber que eran venenosas. Nunca me mordieron.

40. Soy nacida y criada en la ciudad, pero me encanta el campo. Si pudiera, me iría a vivir al monte.

41. He sido mordida por un cocodrilo.

42. Estuve a punto de morir asfixiada antes del segundo año de edad.

43. Si alguien toma de mi vaso, no vuelvo a tomar de él. La única persona con quien lo comparto sin problemas es con mi Yang.

44. Estoy certificada como socorrista por la Defensa Civíl y la Cruz Roja.

45. Puedo leer Hangul (coreano) aunque no siempre sepa qué significa.

46. Yo misma corto mi pelo.

47. Fuí coreógrafa de las animadoras de mi colegio… Y me dá vergüenza admitirlo.

48. Al llamar a la Clínica Veterinaria siempre me identifico como “La mamá de Onyx Pandora” o “La mamá de Sony Ukyo” y ellos saben exactamente quién les habla.

49. He peleado con un hombre a los puños… y he ganado.

50. Soy severamente alérgica a un fruto seco, pero no sé exactamente a cual, así que los evito todos. Sólo una vez (por descuido) sufrí un shock anafiláctico.

Continuará…
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Cien Cosas de no Sabes mí - 1ra Parte

Friday, January 20th, 2006

1. Estuve a punto de morir electrocutada antes de cumplir mi primer año de edad.

2. Me es muy difícil ver a alguien llorar sin hacerlo yo también.

3. No puedo estar absolutamente tranquila. Siempre estoy moviendo los dedos, los pies, tocandome el pelo o haciendo algo, lo que sea.

4. Soy adicta a la Coca Cola.

5. A veces me dan migrañas que me dejan fuera de combate durante días completos.

6. Puedo hablar elocuentemente sobre un tema y estar pensando en otro completamente diferente. Lo hago la mayor parte del tiempo.

7. Solía practicar Surf.

8. Me río a carcajadas leyendo libros, sin importar el lugar.

9. He caído desde un 3er piso sin hacerme más daño que unos cuantos arañazos.

10. Puedo estar metida en el agua durante horas. De hecho antes me pasaba de 10 a 11 horas seguidas en la piscina todos los sabados y todos los días durante las vacaciones.

11. “Cristina” no es mi primer nombre.

12. Hace siete (casi ocho) años estoy en una relación a larga distancia. Le soy completamente fiel.

13. He estado dentro de un tanque de guerra.

14. Me han echado del zoológico por meterme en las exhibiciones. Durante un tiempo me prohibieron la entrada.

15. He llorado viendo comerciales.

16. Puedo manejar un látigo de los de verdad.

17. I see dead people, también los escucho.

18. Estuve a punto de morir ahogada a los dos años de edad.

19. Suelo preguntar lo mismo una y otra vez, porque me olvido de la respuesta.

20. Odio las matemáticas y no me sé las tablas de multiplicar, pero saqué un 98 en mi examen final (legítimo).

21. Uso brazalates porque me avergüenzan mis cicatrices.

22. Fumé mi primer cigarrillo a los nueve años de edad.

23. De niña tuve que apagar un incendio en mi casa.

24. Me gustan las canas y estoy ansiosa por tenerlas.

25. Tengo tres cepillos de dientes… y los uso todos.

Continuará…
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Angel de Mar

Monday, January 9th, 2006

Cuando era niña fuí con mi abuelo al mar un día cualquiera, recuerdo que se quedó mirándolo en completo silencio… Yo estaba aburridísima.

Comencé a hacerle todo tipo de preguntas, para sacarlo de su trance (y a mí misma del aburrimiento), una de las tantas preguntas que le hice fué por qué los cocoteros (palmeras) crecen hacía el mar. Y el me respondió “Porque están enamorados de ella”. No entendí su comentario… Así que pregunte de nuevo “¿De ella?” y él solo sonrió y me dijo “Sí”

Yo estaba confundida, por un momento pensé que estaba mal de la cabeza, era la explicación más obvia del por qué un hombre tan racional como mi abuelo estaba delirando tan mal. Luego de unos minutos de silencio, de pregunté una vez más. “¿Quien es “ella”? ¿Te refieres al mar? Es él y no ella.” Y el me regaló una sonrisa y me dijo “No, es ella, la Dama Turquesa”
Miré en la misma dirección en la que él estaba mirando y no ví a nadie, no ví nada especial sobre el agua… quizás estaba alucinando.

“¿Pappa, estás bien?” Tenía que preguntar.
“Sí, muy bien” y se veía muy bien, miraba el mar embelesado con una sonrisa tonta en los labios y yo no entendía que carajo estaba pasando.
Era un hombre de los campos y de la tierra, nacido y criado en el mismo centro del país, yo, por otro lado, nací en la ciudad, en la costa, para mí el mar era sólo… agua. Quizás me estaba perdiendo de algo.

“Por qué es… “ella” tan especial?”
“Es nuestra madre. Madre de todos los seres vivos.”
“¿Qué? ¡No es mi madre!”
“¿Y quién es tu madre, entonces?”
“La que me parió, la que me dió la vida”
“Ah, ¿ves? La mar nos dió vida a todos. Es la madre de la vida misma. Si no fuera por ella, seríamos sólo una roca más en el espacio.”

Ok, eso tenía sentido. Pero me resistía.

“Esta bien, nos ayudó, pero eso no la hace mi madre. No podemos vivir sin el sol tampoco, ¿eso significa que es mi padre?”
“¿Y por qué no?”
“¡Es una locura!”
“Quizás un poco de locura no está tan mal”

Esto requería de meditación, hasta ese momento, mi abuelo era el hombre más sabio de todo el mundo, ¿por qué estaba hablando tantas porquerías? No dije nada más. Sólo me quedé a su lado, mientras el seguía mirando como hipnotizado hacia el mar.

Pasaron años y años hasta que finalmente comprendí lo que quiso decir ese día.
Me dí cuenta de que cada vez que sentía que no podía soportar la presión, el dolor, la tristeza o la pena; siempre iba a ese mismo lugar a mirar el mar, tal como él aquel día tan lejano.

Y como una madre, la mar me calmaría y me susurraría al oído que todo estará bien.

La amo, le temo, la respeto y no tengo duda alguna de que el mar, la Dama Turquesa, es en efecto la madre de todos.
Espero que mi abuelo, dondequiera que esté, sepa que finalmente comprendi su mensaje.