Archivo para March, 2006

Los Misterios del Bolso Femenino

Friday, March 17th, 2006

Yo: Voy a escribir sobre las cosas estúpidas que hacen ustedes los hombres, necesito hacerte algunas preguntas.
Él: ¿Me estás llamando estúpido?
Yo: No, amor, claro que no, te estoy llamando hombre…
Él: ¿¡PERDON!?
Yo: Es que necesito un “inside view” al respecto, cielo.
Él: Bueno, ¿y por qué no escribes sobre las mujeres, eh?
Yo: ¿Qué quieres que escribas?
Él: Sobre sus cosas estúpidas, por ejemplo ¿por qué mierda llevan tantas cosas en los bolsos?
Yo: Eso no es estupidez, eso se explica fácilmente: Es una cuestión de experiencia… O de malas experiencias en todo caso.
Él: Quiero ver la lógica detrás de esa conclusión.
Yo: Pero por supuesto, caro mío.

Hoy voy a complacer al varón, fuera de la cama, al menos. El chico está curioso, y me ha tirado una pregunta que se hacen los hombres durante siglos y que hasta la fecha no conocen la respuesta.

¿Por qué las féminas llevamos tantas cosas en nuestros bolsos?
Es mucho más sencillo de lo que parece, las féminas llevamos esas cosas porque las necesitamos. ¿Vieron que fácil?

Pero no se rinde fácilmente y vuelve al ataque: ¿Cómo que las necesitan? ¿¡Para qué necesitan llevar aguja, hilos y botones en el bolso!?

Pues, para coser, querido, ¿cómo que para qué? Será que a los hombres nunca se les cayó un botón en la calle, que nunca se te deshizo un ruedo y que jamás en sus vidas se les descosió el fondillo del pantalón en el subte.

Y me dice otro varoncito: Si fuera por eso, entonces los hombres lleváramos una caja de herramientas encima.

Ah, ¿y no la llevan? Hazme un favor, agarra las llaves del auto y abre el maletero. Toma notas de las cosas que ves ahí y dime si una de ellas no es, en efecto, una caja de herramientas.

Eso no tiene que ver con set de genitales que te tocaron, es cuestión de experiencia y de sentido común. Si tienes un auto, es muy probable que se dañe, y si se daña, necesitarás herramientas para hacer que se mueva, ergo, metes las herramientas en el auto y listo. Un problema menos.

A nosotras nos pasa lo mismo. Primero y antes que nada, somos mujeres, lo que significa que por naturaleza somos intuitivas y estamos preparadas para lo peor. Es lo que hacemos: Resolver los problemas, para eso necesitamos herramientas y generalmente las llevamos encima. A eso se suma la parte de la experiencia, mientras más cagadas te mandas, más abultado se va haciendo tu bolso. ¿Por qué creen que los bolsos de las viejas son enormes? No es casual, muchachos.

Muchas de nosotras no llevan aguja e hilo en el bolso, hasta que tienen un accidente en la ropa y tienen que mostrarle la bombacha colaless a media ciudad para aprender que un poquito de hilo y una aguja, realmente ni pesan, ni ocupan mucho espacio y que en cambio, pueden ahorrarle a una la vergüenza enorme. Otras, como su servidora, no creen que una sombrilla de esas pequeñitas es necesaria, hasta que a mitad de un hermoso día soleado, cae tremendo aguacero y te deja empapada… haciendo que tu blusa blanca sea prácticamente transparente y claro, el sostén de encaje que mucho no cubría seco, mojado es practicamente como si no estuviera ahí. Créeme, si los hombres fueran más creativos, llevarían bolso también.

Claro que no. Los nombres no necesitamos tantas porquerías como las mujeres. Me dice otro amigo.

Bueno, les contaré la experiencia de ese querido amigo: Después de darse un banquete en casita salió a pagar las cuentas. Y como la vida es irónica, decidió que el mejor lugar para que al amigo en cuestión le diera un ataque de diarrea era en pleno centro, afortunadamente logró encontrar un baño público en dónde descargar la furia de su intestino. Vamos, por 10 puntos, ¿quién me puede decir que cosa NO hay en los baños públicos?

10 puntos para los que respondieron “Papel higiénico”. El amigo en cuestión terminó usando billetes para salir de su apuro… Con lagrimones en los ojos, segurísimo.

Hay artículos que son necesidad para todos, querido. Que no necesites llevar contigo un lápiz labial y un par de tampones, no significa que no aprecies la bendición del papel higiénico en el momento oportuno o las toallitas húmedas luego de comer algo lleno de grasa justo antes de la reunión con el jefe.

Es un hecho comprobable que mientras más ajetreada es la vida de una mujer, más herramientas lleva en su bolso. Para las que trabajan fuera de casa, para las que trabajan desde casa, para las que trabajan en la casa (que no es lo mismo que lo anterior), para las que no trabajan, para todas nosotras el bolso es algo más que un accesorio, es un survival pack en donde ponemos todo aquello que creemos que podemos necesitar y creanme cuando les digo que en cuanto a lo que metemos ahí dentro, somos bastante pesimistas.

Como les Gustan a Ella

Wednesday, March 15th, 2006

Hacía mucho que no iba a una reunión de la familia, y miren que cuando yo digo “familia” no me refiero a mis padres y mis hermanos. Si no a todo el rollo: Padres, hermanos, tios, tias, abuelos, primos, primas y un largo etcétera. En fin, estoy un poco perdida en cuanto a chismes familiares.

Les cuento, hace poco se juntó la familia (unas 30 personas, mínimo, y eso es incompleta) y me digné a despegarme de la computadora y asistir. A mitad de la reunión, mientras intercambiaba chismes con mis primas contemporáneas, llega mi primo mayor y se hace un corto silencio, de esos silencios tensos e incómodos y alguien hace un comentario de que pensaban que no iba a ir.

Yo, sorprendida de aquel recibimiento tan frío para el primogénito (y varón favorito), lo saludo y luego me llevo a las primas a un rincón para averiguar exactamente que cornos está pasando. Ellas me comentan en tono de complicidad que mi primo había dicho que no iba a ir y que por eso invitaron a mi prima “L. C.”, yo les pregunto si ellos se pelearon o algo. (Las peleas “angelicales” son cualquier cosa menos eso) Y ellas me informan que es por el novio. Y yo, alarmadísima: ¿¡”C. R.” es gay!? ¿¡Desde cuando!? y ellas que no, que es por el novio de “L. C.”, que “C. R.” no lo soporta.

Como suele pasar en esas ocasiones, ni bien habíamos hecho mención del asunto, llegó “L. C.”… con el novio. Mis primas me piden que distraiga a mi primo para poner a “L. C.” al tanto. Y yo, rápidamente, me acerco a él y comienzo a hablarle no sé qué de surf y discretamente me lo llevo dentro. Todo el mundo sabe que por más diplomática que sea (y lo soy, de verdad, en ocasiones) no tengo pelos en la lengua para algunos asuntos, así que una vez en la cocina, le pregunto a mi primo que tiene de malo el novio de “L. C.”, que todo el mundo me anda diciendo que él no lo soporta o algo así, esperando que descarte esos “malos dichos” con una sonrisa.

Pero nada de eso, el se pone serio. Y me mira con esa cara de “¡como te atreves siquiera a mencionarlo en mi presencia!”, pero tal y como son las cosas, esa cara puede servir para asustar a mis primas y a mis tías, pero a mi no, verán, mi primo vivió prácticamente toda mi infancia conmigo y mis viejos, y crecimos siendo más hermanos que primos, así que sus miradas asesinas no me asustan en lo más mínimo. Insistí. Y bueno, ¿Qué tiene de malo?
Entonces se destapó y comenzó a despotricar, dijo tantas cosas que apenas logré entender alguna que otra palabra “hijo de puta… como se atreve… falta de respeto… el buen apellido…” y otras menos agradables que no pienso repetirles, luego se alejó, furioso, supongo que a serenarse antes de volver al grupo.

Ah carajo…
Si el tipo en cuestión es alguien capaz de enlodar el… ajem… “buen” apellido de la familia, luego de Tío José y su guerra declarada contra la Iglesia Católica con protestas en misas incluidas y vandalización de templos. Luego de el claro comunismo de Tía “M” y sus afiches pro-Castro. Luego del matrimonio de “N. A.” con un drogadicto y narcotraficante, que además estuvo preso por posesión… Entonces el tipo debe de ser un sujeto realmente maldito. ¡Un enemigo de la sociedad!

A todo esto, yo estoy perdida y todavía no sé que mierda le pasa al novio de “L. C.”. Entonces fue cuando decidí salir y a autopresentarme y a evaluar al muchacho en cuestión.

Luego de buscar un rato con la mirada, vi a mi prima “L. C.”… al lado del negro más grande que he visto en toda mi vida. No es broma, era un tipo ENORME. ¡Parecía un gorila! Mientras me acercaba a ellos con una sonrisa, estaba estudiando la posibilidad de que mi primo tuviera una vena racista desarrollada tardíamente, porque hasta dónde yo sabía el no tenía nada en contra de los negros.

Los saludo, y “L. C.” me presenta a su novio, que me saluda con un acento extranjero, muy familiar para mí, y para cualquier otro paisano mío. El negro me planta un beso en cada mejilla y yo miro a “L. C.” con una pregunta en los ojos. Ella se pone a la defensiva y asiente levemente. Mi sonrisa se amplía y saludo en patois (creole) al muchacho. Él sonríe y me responde en un francés hermoso y con un acento perfecto.
Charlamos un rato los tres. El tipo es un amor. Un muchacho culto, muy educado, trabajador, con modales perfectos, conversador, que además habla al menos tres idiomas (soy lingüista, para mí eso suma al menos 3 puntos a favor) y como si fuera poco se nota que la adora, porque cuando la mira parece un cachorrito mirando a su amo. Lo que debaja el “problema” bastante claro y a la vista… o al oído en todo caso.

El amor es raro. Nunca sabes de quién te vas a enamorar, yo jamás en la vida me hubiera imaginado que iba a terminar enamorándome de quién me enamoré, pero C’est l’amour. Y nunca mejor dicho: Para los gustos se hicieron los colores… A ella le gustan negros y no cualquier negro: Le gustan haitianos.

Yo la aplaudo, por ser daltónica en sus relaciones humanas y por levantarse en contra de las etiquetas y de los prejuicios. ¡Muy bien, “L. C.”! ¡Nunca cambies!

Y los demás: Que se la banquen, carajo… Total ¿Qué más pueden hacer, si así es como les gustan a ella?
.

¡Al fín lo comprendo!

Saturday, March 11th, 2006

Hay dos cosas que tengo bien claras sobre mi país:
1. Aquí se consume alcohol como cosa de locos.
2. El gobierno (el que sea) puede hacer lo que le dé la gana y a nadie parece importarle demasiado.

No sé por qué me ha llevado tanto tiempo, pero creo que al fín lo comprendo: Llegué a la conclusión de que estamos borrachos.

Esa debe de ser la explicación del por qué el Jefe de Policía nos dice que estamos “exagerando” el problema de la creciente delicuencia y todo el mundo se lo toma a chiste. Como si fuera un comediante: “Escuchen lo que dijo ‘este’ ahora…” Bueno, a mí no me da risa, ¿será que soy abstemia?. Como tampoco me da risa que se estén quemando un montón de alimentos “falsificados” cuando hay gente muriendose de hambre… Pero bueno, no vamos a hacernos mala sangre por esas tonterías, mejor vamos por una botellita de ron y problema resuelto.

Hoy me limpio el culo con la Constitución Dominicana. Sepanlo.

¿Alguien sabe si se puede divorciar una de su país?
.