Puede que sea sencillamente extraña, o quizás es que vengo de una familia muy peculiar, pero tengo mi forma particular de ver las cosas. Verán, hace un tiempo estaba acostada en la cama, leyendo, cuando sentí que se movía. A veces pasa, así que dije “ahora estoy ocupada, necesito un poco de paz, vuelve más tarde”, pero el movimiento era insistente y cada vez más violento, terminé por enojarme y comencé a decir furiosa “te dije que…”
Momento.
No siento a “nadie” acá.
¡Maldición, está temblando la tierra!
Me muero de risa al recordarlo, y quizás me sentiría extraña si no conociera a nadie más que hubiera pasado por la misma situación al menos una vez.
Es que la gente “normal”, primero piensa en la razón “lógica” de algún suceso y luego, si acaso, en alguna razón paranormal. La gente… hmm, como yo, lo hace al revés. Lo paranormal es normal en nuestras vidas, y por eso, en la mayoría de casos, esa suele ser la respuesta acertada, por lo tanto, es la primera (más no la única) en ser tomada en cuenta.
Ya sé que probablemente los perdí y se estén preguntando de qué carajo les estoy hablando, a eso voy:
Hace poco vi un hermoso documental (en un canal muy conocido) sobre los dragones, me parece que a estas alturas me conocen lo suficiente para saber que estas criaturas, al igual que otros seres “fantásticos”, son totalmente posibles para mí.
Durante años y años he pensando en cientos de teorías que soportan mis creencias (no se imaginan la cantidad de porquerías que pienso por segundo). Por eso, al ver muchas de esas teorías, incluso las más descabelladas, analizadas por expertos o personas que, se supone, saben más que yo al respecto, me pone en un estado muy cercano a la euforia, cosa que sucede, con suerte una o dos veces por año.
Sin embargo, y esta es la parte en donde varias personas que estuvieron esperando por estas letras comprobarán que, en efecto, soy impredecible: No me lo creo.
Una vez que el estado de euforia pasa, entonces entra en funcionamiento la parte lógica.
“Momento. Esto ya lo sabía… pero que pasa sí…” y ahí es donde comienza el lío.
Analicemos los hechos. Los dragones no son reales. Son animales mitológicos que se han expandido por diferentes culturas. Si fueran reales, hubieran encontrado fósiles, ¿no?.
Esto es exactamente lo que plantea dicho documental, el hallazgo de restos de lo que suponen, eran dragones. Y noten que no digo “fósiles”, ya que para ser catalogados como tal, deberían de estar petrificados, y los restos en cuestión estaban tan frescos como podría esperarse de un trozo de carne que se ha mantenido congelado desde el siglo quince.
El lugar es los Montes Carpetanos de Rumania, esquiadores encuentran cuerpos humanos calcinados y más tarde, la policía local adentra en una cueva cercana en donde encuentran los restos preservados en el hielo, se arma lío, y luego de establecer que no es una broma pesada, se comunican con el Museo de Historia Natural de Londres, quienes envían un grupo de expertos a analizar el asunto.
Curiosa la ubicación… Rumania es el país europeo predilecto de las leyendas, los vampiros y los dragones todavía se mantienen frescos en la mente del pueblo y el resto del mundo sólo parece saber que en Rumania pasan cosas “raras”.
Si en efecto, se encontró un dragón… ¿Por qué no hay más publicidad? Si ahora mismo con todo esto del Internet las noticias se propagan más rápido de lo que se seca tinta en la firma del acuerdo de confidencialidad.
Otro dato curioso es que por allá por el 1673 ya se habían reportado huesos de “dragones” en los Carpetanos de Rumania, así como en Transilvania, y resultaron no ser tal cosa. Algunos especulan que en realidad eran huesos de osos prehistóricos.
En fín, volvamos al documental, en las pocas horas que tiene el equipo para analizar los restos antes de que los pasen a buscar, se establecen todo tipo de afirmaciones sobre el mito hecho realidad, con muy convincentes teorías sobre su funcionamiento. Sin embargo, yo no soy ni bióloga, ni química, ni paleontóloga y había llegado al mismo punto. Se supone que ellos son los expertos, ¿no? Deberían de darme algo para que, sin lugar a dudas, yo esté 100% segura de que el animal en cuestión funcionaba de esa forma y sin embargo, nada, todo lo contrario, su falta de explicación no hizo más que aumentar mis dudas.
Ahora, vamos a armarnos un dragón, usando sus teorías. (¿Y por que no? Las mías también)
Supongamos, por un momento, que en efecto, existieron, y que pasan a ser animales en vez de criaturas mitológicas. Lo primero es que la evolución siempre deja rastros, todos los animales actuales poseemos características que nos fueron heredadas.
Basándonos en esto, podemos decir que un dragón es muy parecido a un reptil… claro, si obviamos el hecho de que volaban… y no sólo esto, sino que parecían tener una característica única: Tenían seis extremidades.
Todos los animales vertebrados terrestres tienen cuatro extremidades, sean alas, aletas, piernas, o manos. Incluso algunos anfibios y reptiles puede que tengan menos, pero nunca se ha visto un animal de este orden con más de cuatro extremidades.
Sin embargo, la naturaleza es caprichosa, y a veces le da por sacar un modelo nunca visto, con una simple mutación a partir del tercer segmento toráxico, se puede obtener un par de miembros extra. Estos genes, llamados homeobox, pueden teóricamente producir un par de alas o de piernas adicionales. Quizás esto sucedió con los dragones, y listo, la parte más difícil la sacamos de en medio.
Una vez que tenemos permiso de la Madre Naturaleza para sacarnos un par de extremidades adicionales, no es tan complicado convertirlas en alas. A los murciélagos parece funcionarles de maravilla, pero en vez de hacerlas de piel, como en el caso de estos mamíferos voladores, las hacemos de cuero y le damos soporte en los huesos de las patas, (en vez de los dedos) húmero, radio y ulna. Ya tenemos una estructura firme. Ahora le damos movimiento con unos buenos músculos, que en vez de encontrarse en las alas, se encuentren en el cuerpo del animal y que muevan las alas tirando de tendones, de esta forma no tendrían que mover toda su masa corporal para batir las alas. ¿Ingenioso, no? Oh sí, he pasado muuuucho tiempo pensando al respecto.
Ahora que tenemos el dragón “armado” sólo nos falta hacerlo volar.
A finales del Cretaceo existió el animal volador más grande que jamás surcó nuestros cielos, el pterosaurio y sus alas medían más de 40 metros de largo. El volador actual más grande es el Cóndor de los Andes que pesa de 20 a 30 libras y la envergadura de sus alas alcanza los 10 pies.
Tenemos un reptil enorme, con más de una tonelada de peso y un par de alas de unos 35 pies, o sea inferiores en tamaño a lo que deberían de ser… Esto presenta un problema muy serio. Se supone que por allá por el Cretaceo la concentración de oxígeno en la atmósfera, era de al menos un 12% más que la actual, lo que supone que los músculos podían generar más poder… Pero, también se supone que los dragones coexistieron con los humanos, o sea, que esta teoría no nos funciona en este caso.
Ya que son tan enormes, una posible forma de darles vuelo sería usarlos como globos. El intestino de todos los animales contiene bacterias que nos ayudan a digerir la comida, y dichas bacterias producen gases, muchos gases diferentes. Entre ellos hidrógeno y metano. Ambos gases más ligeros que el aire. Si en vez de ventilar estos gases como hacemos el resto de los animales, los dragones hubieran desarrollado la forma de almacenarlo, ya tenemos nuestro globo.
Lo que nos lleva a la parte más interesante: Los dragones escupían fuego. A nuestro tanque de gas volador solo le hace falta una chispa.
Muchos pensarían que la parte del fuego es la más complicada, y en realidad no. Cosas más raras se han visto. Actualmente existen animales que generan calor y luz. No es sorprendente decir que los insectos son los grandes químicos de la naturaleza. Muchos animales marinos producen luz mediante la bioluminiscencia, y aunque es prácticamente inútil (y poco vista) en animales terrestres, hay algunos que la usan (como las luciérnagas).
La bioluminiscencia se da mediante procesos químicos que aunque producen luz, no producen calor. Sin embargo, los ácidos que producen las medusas mediante complejos procesos químicos sí producen calor. En tierra, sé de una araña y un escarabajo que producen “fuego”, es un poco complejo de explicar, pero haré del intento…
En el caso del escarabajo, hay ciertas células en el extremo del abdomen que producen peróxido de hidrógeno (H2O2) y otras substancias llamadas hidroquinonas que son guardadas en reserva. Esta especie de tanque de reserva está conectado a una cámara de reacción mediante una válvula controlada por un esfínter. La cámara de reacción está recubierta de células que producen enzimas. Cuando la mezcla reactiva de H2O2 y las hidroquinonas pasa a esta cámara, las enzimas degradan el peróxido liberando oxígeno y catalizando la oxidación de las hidroquinonas. Esta reacción genera suficiente calor como para hacer hervir la mezcla y vaporiza una gran parte de ella, lo que aumenta la presión de la cámara y hace que sea expedida por la apertura en el extremo del abdomen, a una temperatura de unos 96º C.
Con esto tenemos claro que si la naturaleza ha encontrado la forma de hacer ese procedimiento posible, seguro que encuentra la forma de redireccionar y almacenar un poco de gas en el cuerpo, ¿no?
Así que ahora sólo tenemos que buscar la chispa.
Según el documental que desató esta serie de desvaríos, los dragones consumían rocas sedimentarias ricas en platino y de ahí obtenían su chispa detonante. Lo de comer rocas no es anormal en el reino animal, aves, reptiles y dinosaurios lo hacían para ayudar la digestión y para obtener minerales… De hecho, incluso a los elefantes de Kenya les encanta masticar rocas ricas en sal.
En el caso de los dragones, el platino al entrar en contacto con el hidrógeno y el metano funciona como detonante. Sería algo así como… encender un fósforo cerca de tu ano justo antes de tirarte un pedo. =D
Listo, tal como lo leen: ¡Tenemos un dragón!
Un verdadero reptil volador que escupe fuego…
Excepto que… nuestro dragón aspiró un poco del polvo platino que tenía en los dientes haciendo estallar los gases en reserva y voló en mil pedazos, junto con nuestra teoría.
¿¡Cómo!? ¿¡Me hiciste leer todo esto al pedo!?
No, por supuesto que no. El mensaje en esta historia es que “no todo lo que brilla es oro”, sigo creyendo en que los dragones existieron, lo mismo que las sirenas y los unicornios… y sí, seré loca, pero no tonta. Las explicaciones que dan son geniales, muy buenas, pero no son suficiente. Las personas y los lugares que citaron son muy reales, más dichos restos NO se encontraron en esas cuevas y he confirmado que el Museo de Historia Natural de Londres NO tiene un cuerpo de dragón escondido en su sótano. Es una linda historia la que plantean, y yo también quisiera creerla, pero lo siento, no tiene ni un gramo de verdad.
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