Pregoneros y Caballos
Wednesday, August 23rd, 2006Vivo en una ciudad pequeña, de un país pequeño, de gente muy grande. Los buenos, son muy buenos, y los malos, son unos hijos de puta.
En mi ciudad pequeña, de mi país pequeño, el pregón es un canto popular desde siempre, y aunque tal vez me haga sonar un tanto pueblerina: Me gusta. Me gusta porque me hace saber que todavía hay gente que prefiere realizar un trabajo humilde y honrado sobre uno prestigioso y de moral dudosa.
Algunos de los pequeños comerciantes que viven en las provincias, especialmente las aledañas a la capital vienen acá a vender sus productos o servicios. Por ejemplo, el señor a quién le compro las frutas, es el mismo señor que las cosecha. Cuando comenzó a vender en mi barrio, venía en una carreta tirada a caballo, tiempo más tarde venía en un triciclo, de esos que tienen un cajón adelante. Ahora viene una motocicleta que adaptó para poder transportar las frutas y vegetales que ofrece.
La evolución de los pregoneros se ve en la forma en la que se transportan, comienzan a pie con una canasta, luego a caballo o a triciclo, después pasan a motocicletas y si tienen una buena zona y una buena clientela entonces pasan a una camioneta que transforman en una especie de kiosko portatil.
Los productos que ofrecen son de lo más variado, en mi barrio, que no es muy grande, no se puede ver toda la gama, pero he andado lo suficiente como para saber que se venden desde virtualmente cualquier cosa que se pueda comer hasta baterías para relojes y accesorios para los teléfonos celulares.
Uno de los variados productos que ofrecen es tierra negra, de esa que se usa en las jardineras y macetas. Es relativamente fácil de vender ya que no hay que invertir dinero para producirla. La venden por latas de unos cinco galones, a un precio más o menos de un dólar. Estos vendedores no pueden usar triciclos o motocicletas porque no tendrían la fuerza suficiente para transportarla y no pueden usar una camioneta, porque ¿quién tiene dinero para comprarse una o para pagar la gasolina? Así que usan carretas tiradas por un caballo.
La gente que conozco que tiene caballos van desde burgueses que llevan sus animales al hipodromo y que probablemente nunca montaron uno en toda su vida, hasta campesinos que no conocen otro medio de transporte más que ese. Si algo tienen en común todas y cada una de esas personas es que cuidan de sus animales. Ya sea porque les costaron una pequeña fortuna, porque los consideran una herramienta de trabajo o porque les tienen el cariño que se le toma a un miembro de la familia. Y es que son animales que se hacen querer. Sea por tu fuerza, por su naturaleza o por su inteligencia.
Ayer en la tarde en una de esas salidas que cada vez son menos frecuentes, salí de mi cubil y para mi sorpresa encontré un caballo en la esquina de mi calle. Supuse que algún vendedor lo había dejado descansando para volver más tarde por él. Pero al regresar, unas cinco horas más tarde, el caballo estaba en el mismo lugar, esta vez acostado en la acera. Salí con la intención de darle agua para tomar y me dí cuenta que tenía una pata lastimada y cortes en la espalda que no le desearía ni a mi peor enemigo. Además estaba en muy mal estado, como un saco de huesos. La pila de tierra negra tirada me dejó claro que el dueño no volvería. Lo dejó a morir.
Como alguien podría hacer algo así sencillamente no puedo entenderlo. Entiendo que quizás no tenga dinero para mandarlo a curar, ni siquiera para mandarlo a sacrificar de ser necesario, pero incluso en mi ciudad pequeña, de mi país pequeño y subdesarrollado hay lugares en dónde pueden cuidar de él. Ni siquiera tienes que llevarlo, con llamar por teléfono basta, ellos lo vendrán a recoger y le darán el cuidado que necesita.
Ya me subió la bronca… En fín, llamé al veterinario y vino a verlo. Me dice que no tiene muchas oportunidades de sobrevivir, pero de todas formas lo vamos a intentar. Le compré una paca de comida, le pusimos tres sueros ya y se lo ve mejor hidratado. Si pasa de esta noche mañana lo vendrán a buscar para llevarselo a una finca/alberge en dónde podrá vivir lo que le quede de vida sin tener que trabajar nunca más.
Crucen los dedos para que Taíno (sí, ya le puse nombre) se pueda salvar.